Mediante un sistema de encriptación, trasladará al usuario la responsabilidad de colgar y compartir material con derechos de autor
Un servidor gigantesco, distribuido, que
solo albergará archivos de complicadas encriptaciones, imposibles de
identificar por las entidades de gestión de derechos, a salvo de
cualquier trama legal. Así imagina Mega el alemán Kim Dotcom, fundador de Megaupload y en proceso de extradición a EE.UU.
Dotcom ha desvelado detalles del funcionamiento de su nuevo proyecto -que funcionará antes de fin de año- en una entrevista a la revista «Wired»,
en la que asegura haber encontrado el método legal para evitar el
cierre de su plataforma de intercambio de archivos a nivel mundial.
Mega -el nuevo proyecto- y
Megaupload solo se parecerán en que ambas son plataformas basadas en
suscriptores que permiten subir, acceder y compartir en Red grandes
archivos. La gran diferencia es que ahora cada archivo será encriptado
(con un clic) por el usuario y luego este lo enviará a los servidores de
Mega. En este momento, dicho usuario recibirá la clave para volverlo a
desencriptar.
wired
El magnate de internet afirma que, según sus abogados, la única forma de detener este nuevo servicio será el de hacer ilegal el propio encriptado, algo que no es posible porque «la Declaración de Derechos Humanos de la ONU protege la privacidad de las comunicaciones».
Servidores en dos países
Para evitar el cierre masivo de servidores y que todo el contenido se pierda, el nuevo Mega tendrá dos sedes principales en sendos países (que Dotcom no ha hecho públicos), donde se duplicará toda la información del sistema. «Si un gobierno secuestra los datos, alguien los hackea o sucede un desastre natural, los archivos seguirán estando disponibles», puntualiza Dotcom.
No obstante, Dotcom y su socio, Mathias Ortmann, temen que EE.UU. intente de nuevo cerrar el servicio: «Nuestro equipo jurídico dice que es probable que el Departamento de Justicia se vuelva loco otra vez», recalca Ortmann.
Kit Dotcom está acusado de un delito de piratería informática, además de ocasionar pérdidas de 500 millones de dólares (408 millones de euros) a los Estados Unidos. Por el momento, su extradición está programada para marzo de 2013, mientras se resuelve la acusación sobre una mala actuación de la policía neozelandesa.






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